Vamos a comenzar con Cajamarca,
ciudad a 2750 m.s.n.m., ubicada en la sierra norte del Perú, a 16 horas en bus y una
hora y veinte minutos en avión desde Lima. Si
elijo hablar primero de este viaje es porque precisamente no estaría aquí,
abriendo mi libro de vida.
Moría por conocer este destino,
había escuchado mucho, los cajamarquinos se enorgullecen de sus calles llenas
de historia y, obvio, de su gran carnaval. ¿Quién no ha escuchado de los
famosos carnavales de Cajamarca? (un evento pendiente en mi agenda). Llamaría a este viaje, el principio del fin,
pero no te preocupes no me creo Nostradamus y he visualizado el apocalipsis, me
refiero a un final propio, una concepción mía que ya no está. Bienvenida/o a la
gran decepción amorosa, sí, esa por la que todos pasamos en algún momento de
nuestras vidas, esa en la que sientes que te metieron a un hoyo (pero en
realidad tú te metiste al hoyo). Bueno, aquí conocí a la persona que me quitó
el sueño tanto en la felicidad como en la tristeza.
Había llegado a Cajamarca un
viernes, fui a pasear y la primera parada fueron las ventanillas de otuzco, un
recinto funerario a 8 km. de la ciudad, a las cuales llegas tomando una combi
en la calle los gladiolos, a unas 7 cuadras desde la plaza de armas (caminando
no más). El pasaje es de 1 nuevo sol (a mi bolsillo viajero le agradó esto) y
demoras aproximadamente entre unos 15 a 20 minutos, lo mejor de todo es que te
deja en la puerta del sitio arqueológico. Cabe resaltar que eran las tres de la
tarde y fue el momento preciso para disfrutarlo. Un cielo turquesa espléndido
acompañado de mucha vegetación y los colores grisáceos de las criptas que
contrastan con el paisaje. No habían más personas, sólo mi amiga y yo, momento
perfecto para caminar tranquilamente por los senderos, tomar fotografías o
grabar videos, reflexionar acerca de la historia y lo increíble de la naturaleza,
sentarte en una piedra y respirar aire puro (¿se nota que vivo en la capital?),
pensar que el firmamento fue pintado como tu sobrino cuando le das plumones
(nivel intenso) y que las nubes se ven tan esponjosas como un mimpao. Luego,
una lluvia tímida empezó a impregnar el ambiente de ese aroma a tierra mojada
(¡qué delicia!), nos pusimos los abrigos y partimos a la siguiente parada.
¿Qué puede ser más gratificante
para una tarde fría y lluviosa? (por favor no pienses en tu colchita tigre)
pues estábamos en la bella Cajamarca y otro de sus atractivos principales son
los majestuosos baños del inca (uufff, ya no más). Como me entretuve comiendo
una fruta riquísima que vendían afuera (amigos de Cajamarca por favor me ayudan
a saber cuál fue, sólo sé que es verde y parece una especie de pera con
manzana) se nos pasó la combi, peeero, la salvación fue una mototaxi que por 10
soles nos llevó a las aguas termales. Mi amiga y yo reservamos una piscina
privada (pueden entrar hasta unas 4 personas) a 20 solcitos por una hora. Un
baño caliente con el sonido de la lluvia fue demasiado bueno (y si por allí te
da frío te recomiendo un rico emoliente afuera).
Después de tremendo relajo,
conversar de la vida y lo genial que es viajar entre amigas, tomamos nuestra mototaxi
hacia la ciudad para seguir turisteando (¡obvio!). Llegando a la ciudad nos
dimos cuenta que la lluvia era muy intensa para caminar así que tomamos un taxi
hacia el famoso mirador de Santa Apolonia. Una caminata cuesta arriba de unos
pocos minutos y poco exigente (y te lo digo yo que mi resistencia es casi
nula), el camino es verde, lleno de flores y monumentos realmente agradables a
la vista, una vez llegas a la cima, la vista es PRECIOSA, tómate tu tiempo para
admirar la ciudad: las calles, casas, el ritmo de vida y sobretodo el atardecer
(una imagen sublime). El mirador tiene un camino empedrado que te dirige a un
mini mirador donde verás una capilla celeste sencilla, pero imponente gracias a
su ubicación, prosigue el descenso a través de graderías y circunferencias muy
lindas para unas fotografías geniales. Estando allí a mi Gopro le dio una
especie de congelamiento y mientras trataba de arreglarlo, un perro con el
pelaje empapado por la lluvia decidió darme un poco de cariño y me embarró la
casaca, fuera de enojarme, me reí y me sentí bien pensando que los días
consisten en momentos simples que brindan satisfacción. Continuamos la trayectoria
disfrutando del paseo por las calles cajamarquinas, totalmente acogedoras y
bonitas. Llegamos a la plaza de armas con la lluvia encima (no teníamos
ponchos), pero satisfechas de los paisajes visitados, nos metimos a una
cafetería para el respectivo lonchecito y el frío quedó en el olvido. Finalmente,
a descansar al hospedaje, con un día así quién no duerme como un bebé. ¡Qué
gran primer día!
Segundo día, desayuno ligero para
empezar, porque nos fuimos para el complejo arqueológico de Cumbemayo (una belleza
total) a través de un tour, encuentras una variedad de agencias en la plaza de
armas. Nos costó algo de 35 soles y dura hasta las 5:00 p.m. aprox. Este
territorio se encuentra a 3500 m.s.n.m. y es realmente un bosque de piedras, las
formaciones rocosas dan el aspecto de frailes en procesión, motivo por el que
las llaman “los fraylones” (checka el instagram). Luego de disfrutar esos
paisajes que te confirman que Cajamarca es un destino infaltable, regresamos a
la ciudad.
Y bueno, que es un viaje si no caminas
por las calles del lugar. Recorrimos las plazas, los callejones empedrados, las
ferias de artesanías con estantes coloridos y muchas propuestas atractivas, yo
compré una mochila tejida bellísima y sólo me costó 25 soles (no te puedes
quejar). Luego, fotos de los caminos, de la arquitectura colonial mezclada con la
cultura de nuestros antepasados, la linda plaza de armas y todo lo que quieras
guardar en la galería mental. Una parada para el almuerzo (se come buenazo,
recomiendo el caldo verde) y luego a sentarse en las bancas de las escalinatas
a Santa Apolonia (por donde bajé cuando visité el mirador) para relajar la
mente y apreciar ese cielo azul con nubes extremadamente blancas.
Cabe resaltar que era un sábado
por la noche, cómo no ir a tomar algo, soy de la idea de que si estás de viaje
tienes que disfrutarlo al máximo todas las veces que puedas, somos jóvenes
tenemos mucho que agregar a nuestro libro de vida, así que sal y conoce la vida
nocturna, no te va a matar escuchar música con un exótico coctel de la zona.
Fuimos a un bar y en el camino nos encontramos a un amigo que nos animó a
conocer las discos del lugar (¿cómo rechazar tal oferta?), como buen anfitrión
nos presentó a su grupo de amigos y ¡oh maldición! (aquí viene el meollo del
asunto) me llamó la atención uno de ellos. Lo primero es romper el hielo y como
yo me creo graciosa (otra cosa es que lo sea) intenté burlarme de un comentario
que hizo y listo, adiós hielo. Llegamos a la disco, habíamos formado un círculo
y todos bailábamos en nuestros sitios hasta que pusieron salsa, un bailecito de
a dos y bastante tentativo así no sepas bailarla. En fin, muchos pasos de
baile, conversaciones, sonrisas y tienes la combinación perfecta para una noche
inolvidable. Bienvenido nuevo error de mi vida (y no me equivoqué) fue un
placer sufrir tanto y terminar jodida.
No les pasa que cuando quieres
olvidar a alguien tratas de no mencionar siquiera las cosas que te recuerdan a
esa persona, como las canciones que le gustaban, el lugar (o ciudad) donde lo
conociste, la profesión y hasta su nombre (obvio), procedes a llamarlo “el
innombrable”, “voldemort”, “el que no debe ser mencionado” y un sinfín de
sobrenombres. Pero te voy a decir algo, no es bueno que excluyas canciones,
lugares o amigos que te lo traigan a la mente
porque quieras o no en esos momentos sí lo disfrutaste. Luego, entiendes
que todas esas cosas no le pertenecen, y no es justo que las evites sólo porque
las mencionó o pisó. Adoro Cajamarca y seguiré yendo todas las veces que pueda.
Déjame decirte que no eres un
robot, eres un ser sociable y todo en ti te avisará cuando sientas atracción
por otra persona y aunque no haya terminado bien siempre de los siempre habrá
algo que rescatar. En mi caso me permitió dejar una capa de mí para explorar
otro y seguir creciendo. Y aunque suene trillado, no hay mal que dure mil años
ni cuerpo que lo aguante, debo confesar que aún sigo en mi proceso, pero ese
hoyo oscuro de tristeza no es para siempre porque cuando abres bien los ojos y
tienes voluntad empiezas a ver los destellos de luz para descubrir una nueva
salida.
Así que disfruta de ti, de todo
lo que el día a día te ofrezca, aprovecha las oportunidades para viajar, porque
refresca el alma y alimenta tu mente. Siempre hay una buena excusa para viajar:
porque te dieron ganas de conocer, porque hay feriados, porque te rompieron el
corazón, porque te sientes muy feliz, porque te da curiosidad, porque estás
estresado, porque te quieres liberar, porque necesitas abrir la mente. Por un
millón de razones, viaja. Y una cosa más, disfruta de la soltería, aciertes o
no, todo sirve para la vida (y sólo hay una).
¿Te animas a ir?
Paz y amor para todos.