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domingo, 4 de agosto de 2019

El sol piurano como testigo


Enamorarse en verano (¡wow!).Qué bonito es estar enamorado con el sol de testigo.  Es una explosión de sensaciones y no sabes ni por donde canalizar tanta energía y buena vibra. Voy a tratar de describirlo (haré mi mejor intento).  A ver, es andar flotando por las calles acompañado de un cielo radiante con unas ganas enormes de andar sonriéndole hasta a los postes de luz, luego te das cuenta que pareces loca/o y tratas de sacar el lado serio (¡pero es imposible!). Paréntesis, qué locura pensar que en este mundo nos hemos acostumbrado tanto a la seriedad que resulta fuera de lo común ver a alguien caminando con una sonrisa ¿no creen? (#elmundoalrevés). Bueno sigamos, ya les he trasmitido que ilusionarse en verano tiene esa peculiaridad de hacernos sentir un doble shot de energía como cuando te tomas un jugo de naranja por las mañanas. Si te levantas más temprano que la otra persona probablemente esperes a que despierte para mandarle un mensajito de buenos días (siempre hay uno que duerme más, esa era yo) o recibir el mensaje (igual de gratificante).

Una locura que comenzó en otra ciudad iba a continuar su curso más al norte, en Piura (pero nunca Lima, no sé, ¿será algo de viajeros?). La persona que me gustó se trasladó allí permanentemente  y siendo sincera, nunca me disgustó la idea, es decir, tenía dudas, pero no las suficientes para frenarme. La idea de vivir un romance a distancia eran viajes asegurados y cómo decirle que no a la de viajar.

Comenzó un día de esos en los que el chat era bastante fluido. Intercambiaba información y tenía más curiosidad que el gato que murió, cuando de pronto me propuso visitarlo (sí, a Piura). Creo que me lo pensé cinco segundos, fui a contárselo a mi amiga toda emocionada y ella (conocedora de la locura que me caracteriza) me dio el visto bueno. No tarde ni cinco horas y en la noche le envié el pantallazo de mi vuelo (obvio sólo por un par de días) y créanme que lo imaginé diciendo “wow”. Después, entusiasmo por aquí y por allá y llegó el preciado día de llegar a la cálida ciudad. Pienso que luego de un acto de impulso, llega el momento iluminador en el que te dices “diablos, lo hice, estoy aquí ¿ahora qué?” y quieres salir corriendo. Me sentía muy nerviosa, pero a la vez conteniendo mucho entusiasmo, le daba vueltas al asunto de cómo romper el hielo y aligerar la situación. Gracias al universo, ese momento de volver a verse no fue tenso por los nervios sino por el enojo (de nivel 1 no más) porque yo me había quedado esperándolo en la parte del aeropuerto donde no puede entrar la gente (sólo pasajeros) y él en la parte donde se supone que va toda la gente que llega de un vuelo. Pasaron 15 minutos (larguísimos) hasta que pudiéramos darnos cuenta y cuando nos vimos fuimos intensos por lo impaciente de nuestro carácter.

Dejando ese pequeño lapsus, la confianza fue instantánea y la química multiplicó por mil la sensación de familiaridad. Nos llevamos perfecto, fue uno de los fines de semana más increíbles que he tenido, dos adultos sintiéndose libres del mundo. Con el destino en las manos.

No podía ir a Piura y no pisar la playa, así que una mañana nos despertamos decididos a disfrutar del sol y nos fuimos a Colán, a 40 minutos en auto o 1 hora en bus, la policía paró dos veces al bus para revisar documentos de identidad así que te recomiendo siempre andar con tu dni. Durante el trayecto (yo que me duermo con cada movimiento de un transporte) estuvimos conversando y hasta planeando cosas. Llegamos a Colán y mi primera impresión fue la de una playa juerga, porque hay varias casas de verano con el mar próximo a sus puertas, imagino que muchos fiesteros han aprovechado ese detalle cuando la marea sube. Buscamos (si no tienes casa) una abertura entre las casas para poner las cosas y disfrutar del día de playa. Fue realmente relajante y divertido broncearse con ese sol norteño y sentir la brisa del mar, el sonido de las olas y la calidez del agua. También viví la insolación más tierna de mi historia, ya que esa persona terminó igual de roja que un camarón y casi llorando me pidió que le pusiera el gel de aloe Vera con mucha delicadeza, en nombre de todo el cariño que sentía en esos momentos.

Definitivamente, la playa es mi lugar favorito en el mundo, soy de las que prefieren el frío al calor, pero no puedo negarme ante el mar, lo adoro. Soy una fiel admiradora de la majestuosidad del océano, si te pones a pensar, es inmenso y lleno de vida, más de un millón de posibilidades que tal vez no podemos ni imaginar. Una parte del mundo inexplorado con tanta belleza por dentro que no nos alcanzaría la vida para clasificar a todas las criaturas que en él habitan. ¿No es acaso el mar el mejor secreto guardado del planeta?

Una de las experiencias más sublimes a nuestro alcance es poder observar un atardecer en la playa. El cielo desborda arte, es hasta sensual. Aquella mezcla de colores cálidos que transmiten paz y alivio. Quién no se ha sentido reconfortado por un firmamento casi naranja con el sonido de las olas rompiendo en la orilla, intentando descifrar cómo se pudo lograr tanta armonía. Es una imagen gratificante para toda la vida, uno nunca se puede sentir solo estando ante el mar. Si tienes dudas o miedos observa el mar y date cuenta de cómo se renueva cada minuto. Por otro lado, a todo lo antes mencionado, agrégale amigos, familia, pareja y, por supuesto, una cerveza y tendrás recuerdos infinitamente adorables para siempre.

Piura es mi destino top de este año, ya que he ido muchas veces y lo he disfrutado a mil, he estado en Colán, Máncora y Vichayito. A los dos últimos puedes llegar en auto (60 soles), bus Eppo (20 soles) o van (25 soles), el trayecto es de tres horas y media, excepto en auto que la hace en dos horas y media (sí, va volando). He tenido la oportunidad de ver nadar a una ballena desde la orilla de la playa de mi hotel y ha sido de los mejores espectáculos hasta ahora en mi libro de vida. Un dato importante es saber que el avistamiento de Ballenas comienza en quincena de Julio y termina en Octubre, entiendo que el primer día los pescadores te llevan gratis a eso de las 6:00 a.m. También, están las tortugas (¡qué maravillosos los animales), puedes nadar con ellas en Puerto Velero o el Ñuro, las mototaxis o tours (lo encuentras en el pueblo de Máncora) te cobran 30 soles. Son animales realmente más grandes de lo que te imaginas y es bueno mantener la calma para no lastimarlas. Lamentablemente, su tamaño pone nerviosas a muchas personas que cuando las tienen cerca empiezan a chapotear como niños despavoridos y pueden llegar a golpearlas, si ese es tu caso, te recomiendo verlas desde el bote y tomarles fotos, pero nada más. Tampoco es bueno que los toques, como mucha de la fauna, se mira, pero no se toca. Sé un turista responsable.

Está de más decir que se come riquísimo por allá, si me preguntas, te diré que un restaurante para comer buena gastronomía piurana es “El nuevo ajicito”, allí he probado el mejor picante de mariscos, hasta ahora no encuentro un lugar en Lima que le haga competencia. Lo que adoro de Piura también son las cremoladas de “El chalán”, hay locales por todos lados, las de mango ciruelo son una delicia, una fruta que sólo encontrarás por allá. Si pienso en cebiche mi mente viaja a un huequito llamado “Pedrito”, es bastante conocido allá y Gastón Acurio le ha dado el calificativo del mejor cebiche del Perú, no tengo toda la experiencia de él pero puedo asegurar que es un manjar de dioses. Anda a Piura a comer aunque sea, regresarás muy feliz.

Finalmente, esta historia la saqué de mi baúl de recuerdos bonitos que añoraré siempre, pero sólo eso. Así que no vayas corriendo a buscar a tu ex, porque hizo lo que hizo y nada va a cambiarlo (así te repita mil veces que cambió), sólo separa ese momento como uno bueno para tu alma. Si en ti guardas rencor y enojo, créeme, así te concentres mucho eso no le llegará a la persona que te lastimó, el universo sabe cuándo ese ser habrá de aprender la lección. Por eso, no puedes vivir pensando cuando sucederá ese momento, tú debes pensar en ti y dedicarte tiempo para sanar. Soltar le dicen, ese acto de dejar de aferrarte a algo que te produce daño y entenderlo como una experiencia para redescubrirte y darte cuenta de lo fuerte que puedes llegar a ser. Es un camino complicado, pero agradable porque descubres que tanta fortaleza pueden darte tus familiares y amigos. Vas a redescubrir a personas de oro y si puedes compartir más con ellas, hazlo. Yo me fui de viaje con mis amigas y fue bastante reconfortante reír a la ligera y recordar que aún quedan muchos atardeceres por apreciar. Disfruta mucho del mar, de la arena, las rocas y el cielo naranja. El norte siempre es una buena opción y ni qué decir de las fiestas, quién puede aburrirse con una chela en la mano, la brisa marina y buena música. Tú siempre debes ser tu primera mejor compañía. ¡A disfrutar de un buen viaje y la soltería!

¿Te animas?

Paz y amor, para todos.


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¡Buen día! Es lunes otra vez y el calorcito ya llegó para quedarse. Y bueno, se acaba el año amig@ y ya estamos con todas las festividades...