Enamorarse en verano (¡wow!).Qué
bonito es estar enamorado con el sol de testigo. Es una explosión de sensaciones y no sabes ni
por donde canalizar tanta energía y buena vibra. Voy a tratar de describirlo
(haré mi mejor intento). A ver, es andar
flotando por las calles acompañado de un cielo radiante con unas ganas enormes
de andar sonriéndole hasta a los postes de luz, luego te das cuenta que pareces
loca/o y tratas de sacar el lado serio (¡pero es imposible!). Paréntesis, qué
locura pensar que en este mundo nos hemos acostumbrado tanto a la seriedad que
resulta fuera de lo común ver a alguien caminando con una sonrisa ¿no creen?
(#elmundoalrevés). Bueno sigamos, ya les he trasmitido que ilusionarse en
verano tiene esa peculiaridad de hacernos sentir un doble shot de energía como
cuando te tomas un jugo de naranja por las mañanas. Si te levantas más temprano
que la otra persona probablemente esperes a que despierte para mandarle un
mensajito de buenos días (siempre hay uno que duerme más, esa era yo) o recibir
el mensaje (igual de gratificante).
Una locura que comenzó en otra
ciudad iba a continuar su curso más al norte, en Piura (pero nunca Lima, no sé,
¿será algo de viajeros?). La persona que me gustó se trasladó allí
permanentemente y siendo sincera, nunca
me disgustó la idea, es decir, tenía dudas, pero no las suficientes para
frenarme. La idea de vivir un romance a distancia eran viajes asegurados y cómo
decirle que no a la de viajar.
Comenzó un día de esos en los que
el chat era bastante fluido. Intercambiaba información y tenía más curiosidad
que el gato que murió, cuando de pronto me propuso visitarlo (sí, a Piura). Creo
que me lo pensé cinco segundos, fui a contárselo a mi amiga toda emocionada y
ella (conocedora de la locura que me caracteriza) me dio el visto bueno. No
tarde ni cinco horas y en la noche le envié el pantallazo de mi vuelo (obvio
sólo por un par de días) y créanme que lo imaginé diciendo “wow”. Después,
entusiasmo por aquí y por allá y llegó el preciado día de llegar a la cálida
ciudad. Pienso que luego de un acto de impulso, llega el momento iluminador en
el que te dices “diablos, lo hice, estoy aquí ¿ahora qué?” y quieres salir
corriendo. Me sentía muy nerviosa, pero a la vez conteniendo mucho entusiasmo,
le daba vueltas al asunto de cómo romper el hielo y aligerar la situación.
Gracias al universo, ese momento de volver a verse no fue tenso por los nervios
sino por el enojo (de nivel 1 no más) porque yo me había quedado esperándolo en
la parte del aeropuerto donde no puede entrar la gente (sólo pasajeros) y él en
la parte donde se supone que va toda la gente que llega de un vuelo. Pasaron 15
minutos (larguísimos) hasta que pudiéramos darnos cuenta y cuando nos vimos
fuimos intensos por lo impaciente de nuestro carácter.
Dejando ese pequeño lapsus, la
confianza fue instantánea y la química multiplicó por mil la sensación de
familiaridad. Nos llevamos perfecto, fue uno de los fines de semana más
increíbles que he tenido, dos adultos sintiéndose libres del mundo. Con el
destino en las manos.
No podía ir a Piura y no pisar la
playa, así que una mañana nos despertamos decididos a disfrutar del sol y nos fuimos
a Colán, a 40 minutos en auto o 1 hora en bus, la policía paró dos veces al bus
para revisar documentos de identidad así que te recomiendo siempre andar con tu
dni. Durante el trayecto (yo que me duermo con cada movimiento de un
transporte) estuvimos conversando y hasta planeando cosas. Llegamos a Colán y
mi primera impresión fue la de una playa juerga, porque hay varias casas de
verano con el mar próximo a sus puertas, imagino que muchos fiesteros han
aprovechado ese detalle cuando la marea sube. Buscamos (si no tienes casa) una
abertura entre las casas para poner las cosas y disfrutar del día de playa. Fue
realmente relajante y divertido broncearse con ese sol norteño y sentir la
brisa del mar, el sonido de las olas y la calidez del agua. También viví la
insolación más tierna de mi historia, ya que esa persona terminó igual de roja
que un camarón y casi llorando me pidió que le pusiera el gel de aloe Vera con
mucha delicadeza, en nombre de todo el cariño que sentía en esos momentos.
Definitivamente, la playa es mi
lugar favorito en el mundo, soy de las que prefieren el frío al calor, pero no
puedo negarme ante el mar, lo adoro. Soy una fiel admiradora de la
majestuosidad del océano, si te pones a pensar, es inmenso y lleno de vida, más
de un millón de posibilidades que tal vez no podemos ni imaginar. Una parte del
mundo inexplorado con tanta belleza por dentro que no nos alcanzaría la vida
para clasificar a todas las criaturas que en él habitan. ¿No es acaso el mar el
mejor secreto guardado del planeta?
Una de las experiencias más
sublimes a nuestro alcance es poder observar un atardecer en la playa. El cielo
desborda arte, es hasta sensual. Aquella mezcla de colores cálidos que
transmiten paz y alivio. Quién no se ha sentido reconfortado por un firmamento
casi naranja con el sonido de las olas rompiendo en la orilla, intentando
descifrar cómo se pudo lograr tanta armonía. Es una imagen gratificante para
toda la vida, uno nunca se puede sentir solo estando ante el mar. Si tienes
dudas o miedos observa el mar y date cuenta de cómo se renueva cada minuto. Por
otro lado, a todo lo antes mencionado, agrégale amigos, familia, pareja y, por
supuesto, una cerveza y tendrás recuerdos infinitamente adorables para siempre.
Piura es mi destino top de este
año, ya que he ido muchas veces y lo he disfrutado a mil, he estado en Colán,
Máncora y Vichayito. A los dos últimos puedes llegar en auto (60 soles), bus
Eppo (20 soles) o van (25 soles), el trayecto es de tres horas y media, excepto
en auto que la hace en dos horas y media (sí, va volando). He tenido la oportunidad
de ver nadar a una ballena desde la orilla de la playa de mi hotel y ha sido de
los mejores espectáculos hasta ahora en mi libro de vida. Un dato importante es
saber que el avistamiento de Ballenas comienza en quincena de Julio y termina
en Octubre, entiendo que el primer día los pescadores te llevan gratis a eso de
las 6:00 a.m. También, están las tortugas (¡qué maravillosos los animales), puedes
nadar con ellas en Puerto Velero o el Ñuro, las mototaxis o tours (lo
encuentras en el pueblo de Máncora) te cobran 30 soles. Son animales realmente
más grandes de lo que te imaginas y es bueno mantener la calma para no
lastimarlas. Lamentablemente, su tamaño pone nerviosas a muchas personas que
cuando las tienen cerca empiezan a chapotear como niños despavoridos y pueden
llegar a golpearlas, si ese es tu caso, te recomiendo verlas desde el bote y
tomarles fotos, pero nada más. Tampoco es bueno que los toques, como mucha de
la fauna, se mira, pero no se toca. Sé un turista responsable.
Está de más decir que se come
riquísimo por allá, si me preguntas, te diré que un restaurante para comer buena
gastronomía piurana es “El nuevo ajicito”, allí he probado el mejor picante de
mariscos, hasta ahora no encuentro un lugar en Lima que le haga competencia. Lo
que adoro de Piura también son las cremoladas de “El chalán”, hay locales por
todos lados, las de mango ciruelo son una delicia, una fruta que sólo
encontrarás por allá. Si pienso en cebiche mi mente viaja a un huequito llamado
“Pedrito”, es bastante conocido allá y Gastón Acurio le ha dado el calificativo
del mejor cebiche del Perú, no tengo toda la experiencia de él pero puedo
asegurar que es un manjar de dioses. Anda a Piura a comer aunque sea,
regresarás muy feliz.
Finalmente, esta historia la
saqué de mi baúl de recuerdos bonitos que añoraré siempre, pero sólo eso. Así que
no vayas corriendo a buscar a tu ex, porque hizo lo que hizo y nada va a
cambiarlo (así te repita mil veces que cambió), sólo separa ese momento como
uno bueno para tu alma. Si en ti guardas rencor y enojo, créeme, así te
concentres mucho eso no le llegará a la persona que te lastimó, el universo
sabe cuándo ese ser habrá de aprender la lección. Por eso, no puedes vivir
pensando cuando sucederá ese momento, tú debes pensar en ti y dedicarte tiempo
para sanar. Soltar le dicen, ese acto de dejar de aferrarte a algo que te
produce daño y entenderlo como una experiencia para redescubrirte y darte
cuenta de lo fuerte que puedes llegar a ser. Es un camino complicado, pero
agradable porque descubres que tanta fortaleza pueden darte tus familiares y amigos.
Vas a redescubrir a personas de oro y si puedes compartir más con ellas, hazlo.
Yo me fui de viaje con mis amigas y fue bastante reconfortante reír a la ligera
y recordar que aún quedan muchos atardeceres por apreciar. Disfruta mucho del
mar, de la arena, las rocas y el cielo naranja. El norte siempre es una buena
opción y ni qué decir de las fiestas, quién puede aburrirse con una chela en la
mano, la brisa marina y buena música. Tú siempre debes ser tu primera mejor compañía.
¡A disfrutar de un buen viaje y la soltería!
¿Te animas?
Paz y amor, para todos.