martes, 27 de agosto de 2019

Salir de la pausa es más fácil en Canta


El tiempo se puede detener, no físicamente, pero si en tu mente. Para mí se detuvo no hace mucho.

De pronto todo pasa a un décimo plano, como en una foto con desenfoque, en el que tú mismo sales nítido y todo lo demás borroso. Así fue, todo a mi alrededor se vio lejano y opaco. Y si me refiero a que el tiempo se detiene es porque tu mente se queda atrapada en ese momento cuando todo cambió. La mente repasa una y otra vez la situación, analizando cada detalle, tratando de encontrar el error, la explicación de por qué sucedió. Haces memoria del comportamiento previo, alguna lejana discusión o algún comentario que tal vez pasó desapercibido y fue la alerta, pero nada. Después de hacerlo mil veces, el resultado es el mismo.  Sólo eres tú y las voces de tu mente, con muchas preguntas y también justificaciones para la otra parte. Es fácil pensar mal de uno mismo, lo primero que haces es echarte la culpa. ¿Acaso hice algo mal? Empiezas a cuestionar tu personalidad, físico, actitudes, creencias, cada parte de ti está en juicio. Y ese recorrido mental es incansable.

Recuerdo que no importaba si tenía cosas que hacer, me sentí en un verdadero piloto automático, sin entender por qué las hacía, las hacía y listo. El exterior no existía. Sólo era yo en ese momento, atrapada, sintiéndome encerrada en una caja, sin ver más que oscuridad y sentirme a mí misma. Sentí dolor, recorría todo mi cuerpo, desde la punta de los pies hasta el último cabello. Las lágrimas salían sin control y a veces ya no había más. Me volví una experta en fingir ante los demás que estaba bien porque no quería mostrarme débil. Sin embargo, eso me hizo más daño.

Todo lo que encapsulas en ti, te intoxica profundamente. Eres como un recipiente que en algún momento se desborda si abusas de su capacidad para retener.

Tengo un espejo en mi habitación que proyecta mi cama. Recuerdo que me observaba a mí misma sin reconocerme, pero no me importaba. Seguía en estado de shock. Absorta de todo y todos. Todas las veces que podía estar sola me abrazaba a mí misma tratando de contenerme, dormía en un intento de dejar de sentir, pero muchas veces hasta el sueño se alejó de mí. Me quedaba a solas con mis pensamientos de incertidumbre. El agotamiento que sentía me dejaba sin ganas de nada. Me preguntaba ¿en qué momento se acaba?

La buena noticia es que sí se acaba, es un trabajo duro y largo, pero se dan grandes pasos cuando descubres que necesitas hacerlo por ti y para eso necesitas mucho amor propio y admites que pedir ayuda es necesario.

Todo depende de lo que uno se esmere en hacer para salir de esa atmósfera que creaste. Primero, aceptas que sucedió y no fue una pesadilla. La realidad es difícil pero cierta. Segundo, hablarlo y para eso debes saber en qué personas apoyarte, hablar del tema duele pero libera, escucha los consejos y siente el soporte que te brindan. Tercero, reanuda tu mente, quita la pausa y dale play, busca alguna actividad nueva porque eso mantiene concentrada a tu mente, ya que no lo has hecho antes y se esforzará por entender lo que se requiere. Cuarto, rescata los buenos momentos y sepáralos de todo, sólo es apreciación, pero nada más. Quinto, y lo más difícil, entiende que es un proceso, toma tiempo, habrán días buenos y malos, recuerdos negativos que tratarán de regresarte al punto de partida. Reconstruir el amor hacia uno mismo requiere de mucha paciencia y amabilidad.

Trataré de aterrizar la idea de salir de ese detenimiento del tiempo mental. Y para esto rememoraré mi viaje corto a Canta.

Vivía semanas muy intensas en el trabajo. Me despertaba, no desayunaba y me dirigía al lugar para sentarme a realizar mis actividades. Me sentía abrumada, siempre me encontraba tratando de sacar más fuerzas de mí. Había adquirido con una amiga un full day para visitar las lagunas que se encuentran a lo largo de la cordillera de la Viuda, situadas principalmente en el territorio de Canta. Esta provincia es un valle del río Chillón, ubicada al noreste de la ciudad de Lima. La distancia es de aproximadamente 3 horas.  Estábamos ilusionadas por liberarnos un momento del estrés. Un día antes del viaje tuvimos una jornada exhausta. Llegué a mi casa para bañarme, dormir una hora y salir al punto de encuentro con la agencia encargada de la excursión. Llamé a mi compañera de aventuras, pero no logró despertar. No pude escuchar el relato del guía porque sentía que no me quedaban fuerzas y aproveché a compensar un poco las horas de sueño, hasta que llegamos.

Mis ojos se abrieron maravillados cuando visualicé la primera laguna, llamada Chuchun. Estaba ante una maravilla de la naturaleza, una laguna turquesa que reflejaba en sus aguas el firmamento, las nubes perfectamente dibujadas y blancas como la nieve se alzaban curiosas en un cielo celeste. En ese momento entendí que el mundo seguía estando allí, lleno de lugares increíbles. Con cielos espléndidos llenos de nubes con figuras divertidas, aguas de tonalidades esmeralda y turquesa, nevados imponentes y caminos marrones que resaltaban la intensidad de los colores. Olvidé qué es lo que venía haciendo todas esas semanas anteriores, fue como despertar de un largo sueño repetitivo. Me senté a respirar y admirar lo que me rodeaba. ¿De todo esto me estaba perdiendo?, ¿Por qué? es lo que pensé, si es maravilloso. Por qué permitía que mis días fueran apagados si había mucho para disfrutar.

Visitamos más lagunas, una de ellas fue la de siete colores, igual de hermosa y con tonalidades tornasoladas que resaltan a simple vista entre el paisaje. También fuimos a la laguna de Yanac, Marcapomacocha, al nevado la Viuda y terminamos el recorrido en la catarata Cariscapcha. Definitivamente fue un shot de energía pura, disfruté tanto el día que me parecieron más. Estuvo lleno de paz, tranquilidad y sobretodo conexión conmigo misma. Empecé a distinguir los colores otra vez. Sonreía a consciencia y le permití a mi cuerpo relajarse. Mi mente dejó de reclamar y sólo me quedé con la naturaleza. Me sentí viva.
Algo así es descubrir que eres más fuerte de lo que crees y que no estarás eternamente atrapado en un lapso de tiempo que no fue bueno. A veces suceden situaciones en las que no tenemos nada que ver o se escapan de nuestras manos, pero sufrimos el impacto y nos desarma. No es justo, pero con el tiempo nos daremos cuenta que así debió ser. Debemos interiorizarlo como una experiencia que nos traerá un cambio, un crecimiento personal que nos hará disfrutar de la vida de una manera más real y satisfactoria.

No es fácil contar momentos tan vulnerables y mi intención tampoco es indicarte que poseo la fórmula secreta para sanar, pero si cuento mi experiencia es para hacerte saber que esto es algo por el que pasamos todos, que la tristeza es parte del camino para crecer y debemos aceptarla como parte de, pero no como un estado permanente. Hay muchos motivos para sonreír y uno de ellos es descubrir nuevos lugares ;)


Paz y amor.



lunes, 19 de agosto de 2019

Me escuché en Marcahuasi


Una relación a distancia, ¿qué es lo primero que piensas cuando escuchas ese conjunto de palabras? Sí, amor a distancia felices los 4, felices los 3 o lo que sea. Todo se resume a que la pareja no será del todo (o nada) sincera, habrán dos más o uno de ellos será el que interprete el papel de ingenuo. Bueno, contra todo pronóstico yo me arriesgué a tener una. Claro que tuve los miedos usuales en estos casos, pero a veces es bueno no darle la oportunidad a la mente de pensar demasiado (porque te agobia), no le des espacio para sabotearte (y esto aplica para muchos aspectos), si te gusta mucho esa persona y hay muchos kilómetros de por medio, adelante (está de más decir que la otra persona es libre, cuidado con el Karma).

En esos tiempos yo me encontraba en una rutina bastante densa, a las justas llegaba a casa a descansar. Después de evaluarlo un poco y de exponer mis ideas con una amiga, fue una posibilidad muy atractiva que se adecuaba perfecto a mis ajetreados días. Además, eran más oportunidades para viajar (esto ya lo había mencionado) y eso es algo que mi pasión viajera no puede rechazar. En fin, cuando pensé en esta opción mi chico tortura (vamos a llamarlo así) aún ni me lo había propuesto, pero eso era algo que yo veía venir y sucedió. Se sintió genial, para ese entonces hace tiempo que nadie se me había declarado (ya llevaba más de un año soltera), la euforia fue estupenda, no me arrepiento haber dicho que sí. Obvio, ya saben que la historia no terminó bien (no hay mal que por bien no venga), pero cada sensación, durante esa relación, fue algo que necesité experimentar.  Todo se trata de sentir, sino estamos de más.

A veces tomar decisiones que sabes que impactarán en tu vida y rutina no son fáciles de asumir. Cuestan y eso sucede porque la consecuencia inmediata será salir de tu zona de confort, ese lugar (tanto físico como mental) que ya conoces y dominas totalmente. Por ese tiempo también, yo empecé a darme cuenta de una vocecita dentro de mí, qué constantemente me preguntaba si me sentía bien con mi estilo de vida (y no necesariamente me encontraba en una tragedia).

Ir a ese lugar fue algo que me ayudó a discernir entre tantos pensamientos, para escuchar a los más importantes (los que son necesarios analizar). Pude interiorizar y reflexionar. Hablar conmigo misma.
Fue un paralelo de emociones, por un lado mi felicidad sentimental estaba a flor de piel y por el otro la cuestión de si me sentía a gusto con mi rutina. Refugiarme en un bosque de piedras fue algo que agradecí y valoré después. Sin internet, sin celular, sin distracciones, sin cosas superficiales, sólo fui yo.

Te cuento cómo es Marcahuasi, zona ubicada al este de Lima, en las alturas de la provincia de Huarochirí a casi 4000 m.s.n.m. Es una meseta de origen volcánico, con formaciones rocosas muy particulares. ¿Cómo llegar? Está bastante cerca a Lima, tomas un carro (colectivo o transporte público) hasta Chosica, luego deberás llegar al paradero de buses (cerca al parque Echenique) que llevan a San Pedro de Casta, el viaje dura aproximadamente 3 horas (horarios desde las 7 a.m. hasta el mediodía). El derecho de entrada a la meseta es de 10 soles, no olvides registrarte en el libro de visitas. Después no hay señal. Eso sí, toma tus precauciones, porque mis amigos y yo nos fuimos muy confiados del clima (¿qué tanto frío puede hacer?). Si no llevas ropa especializada para el frío, la buena noticia es que podrás alquilar frazadas (las de tigre), plástico para la carpa, leña para la fogata (lleva mechero por favor), entre otras cosas, en el pueblo.

Lo que sigue es decisión tuya, puedes optar por el camino largo o el corto (sí, a lo caperucita roja). Si te decides por el largo, tengo entendido que demora 3 horas y media y puedes contratar los servicios de una mula para transportar todo el material necesario para el campamento. El nivel (según lo que me han contado) es intermedio. Pero si haces como yo, que opté por el camino corto, pues ya me conozco y aún me falta una buena dosis de resistencia para los trekkings (ahora ya aguanto más a comparación de esas fechas), debes tomar un auto en el pueblo que te traslade hasta cierto punto del camino, es decir, 1 kilómetro antes de la entrada. Como es algo empinado, puedo evaluar que en una escala del 1 al 5, la resistencia que debes tener es de 3. Hay como paraderos donde podrás descansar un momento de no cargar las cosas porque para este camino no vi mulas. Recomiendo hacerlo rápido porque debes llegar a tiempo para encontrar una buena zona y levantar el campamento. Debido a que, de noche las únicas luces que te acompañarán serán las del firmamento y las llamas de tu fogata.

Es hermoso, uno de los mejores lugares para conectarte contigo mismo y dejarte llevar por la tranquilidad. El paisaje es inmenso, sentirás que tus problemas son pequeños. Sal en busca del sol, gracias a una amiga (su perseverancia) pudimos encontrar el atardecer (y sí que valió la pena). Camina mucho, salta de una roca a otra y conéctate con la naturaleza.

Llegó el anochecer y fue preciso prender la fogata (¡qué frío!), pero ¡oh problema! no logramos prenderla, creo que nuestra leña estaba húmeda o algo así, intentamos de todo sin éxito. Ante la necesidad de calor proseguimos con el vino, que se acabó tan rápido como su calidez. Fue una noche crítica, sin fogata ni ropa tan abrigadora, aguantar la baja temperatura fue UN RETO (lleva pastillas para la altura). Sin embargo, al final todo valió la pena, la oscuridad te regala a la estrellas.

Al día siguiente, después del desayuno (hay carpas locales que venden comida) y el aseo (hay servicios higiénicos con duchas e inodoros), pude sentarme un buen rato en lo alto de una roca y agradecer; primero, lo que estaba viviendo, por un lado la loca aventura de una relación a distancia, esa fue mi decisión como yo la llamo “lanzarse al mar sin salvavidas”, por otro, todo lo demás. Segundo, la majestuosidad del paisaje. Tocó el momento de ponerle pausa a todos los pensamientos para escucharme desde lo más hondo de mi ser y decidir si quería continuar con la rutina que llevaba o comenzar otra vez.

Todo el tiempo pasan tantas cosas por tu cabeza, todos los días a cada momento. Muchas de esas cosas son preguntas que no necesariamente sabes cómo responder, pero luego está lo que sientes emocionalmente. Es la mezcla entre la razón y la emoción lo que te llevará a visualizar tus verdaderos deseos. Definitivamente, da miedo, mucho miedo, pero nadie más lo hará por ti. Está en tus manos dirigir tu destino, porque es tu vida.

Sé feliz y haz lo que tengas que hacer para sentir paz en tu interior, es un camino largo, pero recorrerlo te traerá muchas dosis de satisfacción. Conéctate con la naturaleza, por eso viaja, y te darás cuenta que la naturaleza siempre se renueva. Aprendamos de ella.

Paz y amor.



PD. Me gustaría leerte, no seas tímid@. Lo peor que puede pasar es que intercambiemos experiencias J


lunes, 12 de agosto de 2019

Brindemos en Ayacucho por las buenas amistades - ¡salud!


Si me mencionas Ayacucho automáticamente pienso en amistad, de esa que quieres conservar para toda la vida. Le he puesto especial empeño en formar un increíble grupo de amigos. Mientras vas creciendo te vas dando cuenta de lo importante que es tener cerca a personas  que te entiendan y te quieran como eres. Me siento muy afortunada de los amigos que he logrado adicionar a mi vida, realmente pongo mi corazón en sus manos. Tiendo a ser la amiga mamá gallina e intento cuidarlos, pero la verdad ellos son los que cuidan de mí (y bastante, porque ando como una loca por la vida).  La amistad es combustible para este trayecto, dicen que las energías atraen y efectivamente las personas parecidas terminan juntándose.

Siempre estaré agradecida de que ellos me apoyen, me guíen, se rían de mi (toda buena amistad tiene grandes cuotas de burlas), me celebren y hasta me hagan pisar tierra (porque muchas veces lo necesito). He escuchado a personas decir que no tienen amigos porque no confían en la gente y pienso que tal vez se cerraron tanto que no permitieron a las personas adecuadas entrar. No sólo es confianza, también se trata de tener buena actitud para con los demás y conozcas a los ideales para ti. Recuerda la buena energía se contagia, atrae y consolida. Si eres una persona que juzga mucho o envidia o se queja todo el tiempo sólo conseguirás meter personas así a tu entorno y obviamente no serán leales y la desconfianza será la reacción más natural que tengas.

Ayacucho es una ciudad imponente, encontrarás en cada una de sus calles ese fervor religioso que lo caracteriza ¡y cómo no! tiene 37 iglesias y se conservan muchos rituales que sus pobladores respetan y aprecian. Uno de ellos, el más impresionante a mi parecer, es la procesión de Cristo resucitado. Te imaginas esa juerga de semana santa y tener la voluntad de dejarla para ir a apreciarlo. Bueno, te digo que es posible y si tienes la oportunidad, anda. Es increíble, un espectáculo para los ojos y, definitivamente, un evento a guardar en la galería mental (no te arrepentirás) y es sorprendente como muchos hombres esperan desde las 2 a.m. para tener el honor de cargar el anda, la cual mide 10 metros de altura. (revisa mi instagram).
Me encanta Ayacucho, he ido como unas cuatro veces y aún me falta conocer más (las piscinas de Millpu lideran en mi lista de pendientes). La plaza de armas es bellísima y se encuentra rodeada de  la arquitectura imponente de las iglesias. Además, de fondo un cielo turquesa  con nubes blancas y esponjosas que te roban un suspiro. Las calles te exigen que las recorras con tranquilidad para disfrutarlas. Un paseo después de almuerzo o casi para el atardecer es necesario. Otro buen detalle es el Muyuchi, es un helado riquísimo, a primera vista piensas automáticamente en el queso helado de Arequipa, pero el sabor es muy distinto (ambos me encantan, no puedo elegir uno), es una mezcla de leche, ajonjolí y coco. Perfecto para las mañanas calurosas de Ayacucho. La comida (qué delicia de gastronomía) es variada y rica, te recomiendo el restaurante Mi casa, tanto para la mañana como para la tarde. Apenas llegas a Ayacucho y debes ir a desayunar un delicioso caldo de mondongo, con eso recuperas el trajín (si has ido en bus) o la madrugada para tomar el avión, es bastante reconfortante. Además, para el almuerzo un crujiente cuy con puca picante (guiso de beterraga) acompañado de qapchi, es una especie de quesito fresco triturado con cebolla china y papa nativa. Se dan cuenta que también soy una amante de la comida, es más la primera vez que fui a esta ciudad y visité la Pampa de la quinua, santuario  histórico donde ocurrió la batalla de Ayacucho y fue decisiva para la independencia de nuestro país, aparte de contemplar el horizonte y ser consciente de la importancia del lugar, me senté en los puestos de comida y pedí todo lo típico, tanto era mi afán de probar que hasta terminé comiendo una mazamorra de calabaza (buenísima) como postre (está de más decir que luego necesité una sal de Andrews).

Uno de mis lugares favoritos en Ayacucho es el mirador de Acuchimay, se encuentra a 10 minutos desde la plaza de armas y te contaré por qué me parece perfecto. Te muestra una vista espectacular de la ciudad, puedes ver cada lugar como si de un mundo le legos se tratara, el lugar es bastante concurrido pero tan grande que no te sentirás rodeado, hay una zona en la que te puedes sentar en el pasto, conversar y tomarse una chela. Es en esas situaciones donde aprecias los momentos simples que te dan gran satisfacción, disfrutar de una buena conversación con una cerveza en la mano y el cielo hecho una pintura bellísima no tiene pierde. También, te recomiendo visitar la cataratas de Cangallo, es una caminata un poco larga, pero vale la pena porque terminas el tour en una piscina natural de agua gasificada que refresca en el instante.
La penúltima vez que fui fue por una bonita razón, mi amiga cumplió los temidos 30 y por muy a parte de la juerga que nos metimos todos, porque viajamos en mancha para el evento, llegó a mí una reflexión de cómo la vida avanza. Creo que en ese momento fui consciente de mis 28 años y me pregunté tantas cosas, muchas sin respuestas aún, pero otras con la convicción de que en amistad debo ser una especie de millonaria. Mucho de mi libro de vida trata de mis amigos y las situaciones tan graciosas que nos pasan, estoy segura que de anciana me reiré sola sin parar. Y de eso se trata.

En este proceso en el que me encuentro (el de recordar que el amor propio es importante y necesario) he podido agradecer al universo por brindarme el apoyo de mis amigos, esos a los que les he dicho mil veces que me sentía mal y esas mil veces ellos han tenido la paciencia y el entusiasmo para sacarme del lodo. Por eso considero que pedir ayuda es lo mejor que puedes hacer ante una situación difícil, nadie te va a juzgar o señalarte como débil, somos seres humanos  y está permitido reír y llorar. Últimamente venimos encerrados en la idea de que todo debe verse perfecto y nadie que se sienta mal entra en esa categoría, ¿verdad? Bueno, seamos transparentes y permitámonos sentir.
Y viaja con tus amigos, es una de las cosas más divertidas. El libro de la vida tiene muchas páginas por llenar. No te quedes en blanco.


Paz y amor.



domingo, 4 de agosto de 2019

El sol piurano como testigo


Enamorarse en verano (¡wow!).Qué bonito es estar enamorado con el sol de testigo.  Es una explosión de sensaciones y no sabes ni por donde canalizar tanta energía y buena vibra. Voy a tratar de describirlo (haré mi mejor intento).  A ver, es andar flotando por las calles acompañado de un cielo radiante con unas ganas enormes de andar sonriéndole hasta a los postes de luz, luego te das cuenta que pareces loca/o y tratas de sacar el lado serio (¡pero es imposible!). Paréntesis, qué locura pensar que en este mundo nos hemos acostumbrado tanto a la seriedad que resulta fuera de lo común ver a alguien caminando con una sonrisa ¿no creen? (#elmundoalrevés). Bueno sigamos, ya les he trasmitido que ilusionarse en verano tiene esa peculiaridad de hacernos sentir un doble shot de energía como cuando te tomas un jugo de naranja por las mañanas. Si te levantas más temprano que la otra persona probablemente esperes a que despierte para mandarle un mensajito de buenos días (siempre hay uno que duerme más, esa era yo) o recibir el mensaje (igual de gratificante).

Una locura que comenzó en otra ciudad iba a continuar su curso más al norte, en Piura (pero nunca Lima, no sé, ¿será algo de viajeros?). La persona que me gustó se trasladó allí permanentemente  y siendo sincera, nunca me disgustó la idea, es decir, tenía dudas, pero no las suficientes para frenarme. La idea de vivir un romance a distancia eran viajes asegurados y cómo decirle que no a la de viajar.

Comenzó un día de esos en los que el chat era bastante fluido. Intercambiaba información y tenía más curiosidad que el gato que murió, cuando de pronto me propuso visitarlo (sí, a Piura). Creo que me lo pensé cinco segundos, fui a contárselo a mi amiga toda emocionada y ella (conocedora de la locura que me caracteriza) me dio el visto bueno. No tarde ni cinco horas y en la noche le envié el pantallazo de mi vuelo (obvio sólo por un par de días) y créanme que lo imaginé diciendo “wow”. Después, entusiasmo por aquí y por allá y llegó el preciado día de llegar a la cálida ciudad. Pienso que luego de un acto de impulso, llega el momento iluminador en el que te dices “diablos, lo hice, estoy aquí ¿ahora qué?” y quieres salir corriendo. Me sentía muy nerviosa, pero a la vez conteniendo mucho entusiasmo, le daba vueltas al asunto de cómo romper el hielo y aligerar la situación. Gracias al universo, ese momento de volver a verse no fue tenso por los nervios sino por el enojo (de nivel 1 no más) porque yo me había quedado esperándolo en la parte del aeropuerto donde no puede entrar la gente (sólo pasajeros) y él en la parte donde se supone que va toda la gente que llega de un vuelo. Pasaron 15 minutos (larguísimos) hasta que pudiéramos darnos cuenta y cuando nos vimos fuimos intensos por lo impaciente de nuestro carácter.

Dejando ese pequeño lapsus, la confianza fue instantánea y la química multiplicó por mil la sensación de familiaridad. Nos llevamos perfecto, fue uno de los fines de semana más increíbles que he tenido, dos adultos sintiéndose libres del mundo. Con el destino en las manos.

No podía ir a Piura y no pisar la playa, así que una mañana nos despertamos decididos a disfrutar del sol y nos fuimos a Colán, a 40 minutos en auto o 1 hora en bus, la policía paró dos veces al bus para revisar documentos de identidad así que te recomiendo siempre andar con tu dni. Durante el trayecto (yo que me duermo con cada movimiento de un transporte) estuvimos conversando y hasta planeando cosas. Llegamos a Colán y mi primera impresión fue la de una playa juerga, porque hay varias casas de verano con el mar próximo a sus puertas, imagino que muchos fiesteros han aprovechado ese detalle cuando la marea sube. Buscamos (si no tienes casa) una abertura entre las casas para poner las cosas y disfrutar del día de playa. Fue realmente relajante y divertido broncearse con ese sol norteño y sentir la brisa del mar, el sonido de las olas y la calidez del agua. También viví la insolación más tierna de mi historia, ya que esa persona terminó igual de roja que un camarón y casi llorando me pidió que le pusiera el gel de aloe Vera con mucha delicadeza, en nombre de todo el cariño que sentía en esos momentos.

Definitivamente, la playa es mi lugar favorito en el mundo, soy de las que prefieren el frío al calor, pero no puedo negarme ante el mar, lo adoro. Soy una fiel admiradora de la majestuosidad del océano, si te pones a pensar, es inmenso y lleno de vida, más de un millón de posibilidades que tal vez no podemos ni imaginar. Una parte del mundo inexplorado con tanta belleza por dentro que no nos alcanzaría la vida para clasificar a todas las criaturas que en él habitan. ¿No es acaso el mar el mejor secreto guardado del planeta?

Una de las experiencias más sublimes a nuestro alcance es poder observar un atardecer en la playa. El cielo desborda arte, es hasta sensual. Aquella mezcla de colores cálidos que transmiten paz y alivio. Quién no se ha sentido reconfortado por un firmamento casi naranja con el sonido de las olas rompiendo en la orilla, intentando descifrar cómo se pudo lograr tanta armonía. Es una imagen gratificante para toda la vida, uno nunca se puede sentir solo estando ante el mar. Si tienes dudas o miedos observa el mar y date cuenta de cómo se renueva cada minuto. Por otro lado, a todo lo antes mencionado, agrégale amigos, familia, pareja y, por supuesto, una cerveza y tendrás recuerdos infinitamente adorables para siempre.

Piura es mi destino top de este año, ya que he ido muchas veces y lo he disfrutado a mil, he estado en Colán, Máncora y Vichayito. A los dos últimos puedes llegar en auto (60 soles), bus Eppo (20 soles) o van (25 soles), el trayecto es de tres horas y media, excepto en auto que la hace en dos horas y media (sí, va volando). He tenido la oportunidad de ver nadar a una ballena desde la orilla de la playa de mi hotel y ha sido de los mejores espectáculos hasta ahora en mi libro de vida. Un dato importante es saber que el avistamiento de Ballenas comienza en quincena de Julio y termina en Octubre, entiendo que el primer día los pescadores te llevan gratis a eso de las 6:00 a.m. También, están las tortugas (¡qué maravillosos los animales), puedes nadar con ellas en Puerto Velero o el Ñuro, las mototaxis o tours (lo encuentras en el pueblo de Máncora) te cobran 30 soles. Son animales realmente más grandes de lo que te imaginas y es bueno mantener la calma para no lastimarlas. Lamentablemente, su tamaño pone nerviosas a muchas personas que cuando las tienen cerca empiezan a chapotear como niños despavoridos y pueden llegar a golpearlas, si ese es tu caso, te recomiendo verlas desde el bote y tomarles fotos, pero nada más. Tampoco es bueno que los toques, como mucha de la fauna, se mira, pero no se toca. Sé un turista responsable.

Está de más decir que se come riquísimo por allá, si me preguntas, te diré que un restaurante para comer buena gastronomía piurana es “El nuevo ajicito”, allí he probado el mejor picante de mariscos, hasta ahora no encuentro un lugar en Lima que le haga competencia. Lo que adoro de Piura también son las cremoladas de “El chalán”, hay locales por todos lados, las de mango ciruelo son una delicia, una fruta que sólo encontrarás por allá. Si pienso en cebiche mi mente viaja a un huequito llamado “Pedrito”, es bastante conocido allá y Gastón Acurio le ha dado el calificativo del mejor cebiche del Perú, no tengo toda la experiencia de él pero puedo asegurar que es un manjar de dioses. Anda a Piura a comer aunque sea, regresarás muy feliz.

Finalmente, esta historia la saqué de mi baúl de recuerdos bonitos que añoraré siempre, pero sólo eso. Así que no vayas corriendo a buscar a tu ex, porque hizo lo que hizo y nada va a cambiarlo (así te repita mil veces que cambió), sólo separa ese momento como uno bueno para tu alma. Si en ti guardas rencor y enojo, créeme, así te concentres mucho eso no le llegará a la persona que te lastimó, el universo sabe cuándo ese ser habrá de aprender la lección. Por eso, no puedes vivir pensando cuando sucederá ese momento, tú debes pensar en ti y dedicarte tiempo para sanar. Soltar le dicen, ese acto de dejar de aferrarte a algo que te produce daño y entenderlo como una experiencia para redescubrirte y darte cuenta de lo fuerte que puedes llegar a ser. Es un camino complicado, pero agradable porque descubres que tanta fortaleza pueden darte tus familiares y amigos. Vas a redescubrir a personas de oro y si puedes compartir más con ellas, hazlo. Yo me fui de viaje con mis amigas y fue bastante reconfortante reír a la ligera y recordar que aún quedan muchos atardeceres por apreciar. Disfruta mucho del mar, de la arena, las rocas y el cielo naranja. El norte siempre es una buena opción y ni qué decir de las fiestas, quién puede aburrirse con una chela en la mano, la brisa marina y buena música. Tú siempre debes ser tu primera mejor compañía. ¡A disfrutar de un buen viaje y la soltería!

¿Te animas?

Paz y amor, para todos.


domingo, 28 de julio de 2019

Fue imposible no enamorarse de (en) Cajamarca


Vamos a comenzar con Cajamarca, ciudad a 2750 m.s.n.m., ubicada en la sierra norte del Perú, a 16 horas en bus y una hora y veinte minutos en avión desde Lima. Si elijo hablar primero de este viaje es porque precisamente no estaría aquí, abriendo mi libro de vida.

Moría por conocer este destino, había escuchado mucho, los cajamarquinos se enorgullecen de sus calles llenas de historia y, obvio, de su gran carnaval. ¿Quién no ha escuchado de los famosos carnavales de Cajamarca? (un evento pendiente en mi agenda).  Llamaría a este viaje, el principio del fin, pero no te preocupes no me creo Nostradamus y he visualizado el apocalipsis, me refiero a un final propio, una concepción mía que ya no está. Bienvenida/o a la gran decepción amorosa, sí, esa por la que todos pasamos en algún momento de nuestras vidas, esa en la que sientes que te metieron a un hoyo (pero en realidad tú te metiste al hoyo). Bueno, aquí conocí a la persona que me quitó el sueño tanto en la felicidad como en la tristeza.

Había llegado a Cajamarca un viernes, fui a pasear y la primera parada fueron las ventanillas de otuzco, un recinto funerario a 8 km. de la ciudad, a las cuales llegas tomando una combi en la calle los gladiolos, a unas 7 cuadras desde la plaza de armas (caminando no más). El pasaje es de 1 nuevo sol (a mi bolsillo viajero le agradó esto) y demoras aproximadamente entre unos 15 a 20 minutos, lo mejor de todo es que te deja en la puerta del sitio arqueológico. Cabe resaltar que eran las tres de la tarde y fue el momento preciso para disfrutarlo. Un cielo turquesa espléndido acompañado de mucha vegetación y los colores grisáceos de las criptas que contrastan con el paisaje. No habían más personas, sólo mi amiga y yo, momento perfecto para caminar tranquilamente por los senderos, tomar fotografías o grabar videos, reflexionar acerca de la historia y lo increíble de la naturaleza, sentarte en una piedra y respirar aire puro (¿se nota que vivo en la capital?), pensar que el firmamento fue pintado como tu sobrino cuando le das plumones (nivel intenso) y que las nubes se ven tan esponjosas como un mimpao. Luego, una lluvia tímida empezó a impregnar el ambiente de ese aroma a tierra mojada (¡qué delicia!), nos pusimos los abrigos y partimos a la siguiente parada.

¿Qué puede ser más gratificante para una tarde fría y lluviosa? (por favor no pienses en tu colchita tigre) pues estábamos en la bella Cajamarca y otro de sus atractivos principales son los majestuosos baños del inca (uufff, ya no más). Como me entretuve comiendo una fruta riquísima que vendían afuera (amigos de Cajamarca por favor me ayudan a saber cuál fue, sólo sé que es verde y parece una especie de pera con manzana) se nos pasó la combi, peeero, la salvación fue una mototaxi que por 10 soles nos llevó a las aguas termales. Mi amiga y yo reservamos una piscina privada (pueden entrar hasta unas 4 personas) a 20 solcitos por una hora. Un baño caliente con el sonido de la lluvia fue demasiado bueno (y si por allí te da frío te recomiendo un rico emoliente afuera).

Después de tremendo relajo, conversar de la vida y lo genial que es viajar entre amigas, tomamos nuestra mototaxi hacia la ciudad para seguir turisteando (¡obvio!). Llegando a la ciudad nos dimos cuenta que la lluvia era muy intensa para caminar así que tomamos un taxi hacia el famoso mirador de Santa Apolonia. Una caminata cuesta arriba de unos pocos minutos y poco exigente (y te lo digo yo que mi resistencia es casi nula), el camino es verde, lleno de flores y monumentos realmente agradables a la vista, una vez llegas a la cima, la vista es PRECIOSA, tómate tu tiempo para admirar la ciudad: las calles, casas, el ritmo de vida y sobretodo el atardecer (una imagen sublime). El mirador tiene un camino empedrado que te dirige a un mini mirador donde verás una capilla celeste sencilla, pero imponente gracias a su ubicación, prosigue el descenso a través de graderías y circunferencias muy lindas para unas fotografías geniales. Estando allí a mi Gopro le dio una especie de congelamiento y mientras trataba de arreglarlo, un perro con el pelaje empapado por la lluvia decidió darme un poco de cariño y me embarró la casaca, fuera de enojarme, me reí y me sentí bien pensando que los días consisten en momentos simples que brindan satisfacción. Continuamos la trayectoria disfrutando del paseo por las calles cajamarquinas, totalmente acogedoras y bonitas. Llegamos a la plaza de armas con la lluvia encima (no teníamos ponchos), pero satisfechas de los paisajes visitados, nos metimos a una cafetería para el respectivo lonchecito y el frío quedó en el olvido. Finalmente, a descansar al hospedaje, con un día así quién no duerme como un bebé. ¡Qué gran primer día!

Segundo día, desayuno ligero para empezar, porque nos fuimos para el complejo arqueológico de Cumbemayo (una belleza total) a través de un tour, encuentras una variedad de agencias en la plaza de armas. Nos costó algo de 35 soles y dura hasta las 5:00 p.m. aprox. Este territorio se encuentra a 3500 m.s.n.m. y es realmente un bosque de piedras, las formaciones rocosas dan el aspecto de frailes en procesión, motivo por el que las llaman “los fraylones” (checka el instagram). Luego de disfrutar esos paisajes que te confirman que Cajamarca es un destino infaltable, regresamos a la ciudad.

Y bueno, que es un viaje si no caminas por las calles del lugar. Recorrimos las plazas, los callejones empedrados, las ferias de artesanías con estantes coloridos y muchas propuestas atractivas, yo compré una mochila tejida bellísima y sólo me costó 25 soles (no te puedes quejar). Luego, fotos de los caminos, de la arquitectura colonial mezclada con la cultura de nuestros antepasados, la linda plaza de armas y todo lo que quieras guardar en la galería mental. Una parada para el almuerzo (se come buenazo, recomiendo el caldo verde) y luego a sentarse en las bancas de las escalinatas a Santa Apolonia (por donde bajé cuando visité el mirador) para relajar la mente y apreciar ese cielo azul con nubes extremadamente blancas.

Cabe resaltar que era un sábado por la noche, cómo no ir a tomar algo, soy de la idea de que si estás de viaje tienes que disfrutarlo al máximo todas las veces que puedas, somos jóvenes tenemos mucho que agregar a nuestro libro de vida, así que sal y conoce la vida nocturna, no te va a matar escuchar música con un exótico coctel de la zona. Fuimos a un bar y en el camino nos encontramos a un amigo que nos animó a conocer las discos del lugar (¿cómo rechazar tal oferta?), como buen anfitrión nos presentó a su grupo de amigos y ¡oh maldición! (aquí viene el meollo del asunto) me llamó la atención uno de ellos. Lo primero es romper el hielo y como yo me creo graciosa (otra cosa es que lo sea) intenté burlarme de un comentario que hizo y listo, adiós hielo. Llegamos a la disco, habíamos formado un círculo y todos bailábamos en nuestros sitios hasta que pusieron salsa, un bailecito de a dos y bastante tentativo así no sepas bailarla. En fin, muchos pasos de baile, conversaciones, sonrisas y tienes la combinación perfecta para una noche inolvidable. Bienvenido nuevo error de mi vida (y no me equivoqué) fue un placer sufrir tanto y terminar jodida.

No les pasa que cuando quieres olvidar a alguien tratas de no mencionar siquiera las cosas que te recuerdan a esa persona, como las canciones que le gustaban, el lugar (o ciudad) donde lo conociste, la profesión y hasta su nombre (obvio), procedes a llamarlo “el innombrable”, “voldemort”, “el que no debe ser mencionado” y un sinfín de sobrenombres. Pero te voy a decir algo, no es bueno que excluyas canciones, lugares o amigos que te lo traigan a la mente  porque quieras o no en esos momentos sí lo disfrutaste. Luego, entiendes que todas esas cosas no le pertenecen, y no es justo que las evites sólo porque las mencionó o pisó. Adoro Cajamarca y seguiré yendo todas las veces que pueda.

Déjame decirte que no eres un robot, eres un ser sociable y todo en ti te avisará cuando sientas atracción por otra persona y aunque no haya terminado bien siempre de los siempre habrá algo que rescatar. En mi caso me permitió dejar una capa de mí para explorar otro y seguir creciendo. Y aunque suene trillado, no hay mal que dure mil años ni cuerpo que lo aguante, debo confesar que aún sigo en mi proceso, pero ese hoyo oscuro de tristeza no es para siempre porque cuando abres bien los ojos y tienes voluntad empiezas a ver los destellos de luz para descubrir una nueva salida.

Así que disfruta de ti, de todo lo que el día a día te ofrezca, aprovecha las oportunidades para viajar, porque refresca el alma y alimenta tu mente. Siempre hay una buena excusa para viajar: porque te dieron ganas de conocer, porque hay feriados, porque te rompieron el corazón, porque te sientes muy feliz, porque te da curiosidad, porque estás estresado, porque te quieres liberar, porque necesitas abrir la mente. Por un millón de razones, viaja. Y una cosa más, disfruta de la soltería, aciertes o no, todo sirve para la vida (y sólo hay una).

¿Te animas a ir?

Paz y amor para todos.




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¡Buen día! Es lunes otra vez y el calorcito ya llegó para quedarse. Y bueno, se acaba el año amig@ y ya estamos con todas las festividades...